Pañolada en el Camp Nou. Que nadie se extrañe, pues el Barcelona, en la enésima invitación merengue a reengancharse a la liga, acabó empatando a 0 ante el Getafe de Michael Laudrup. Malo el resultado (malísimo) y peor la imagen ofrecida.
Decía Joan Laporta que nadie debía embaucar al socio/aficionado barcelonista. Por supuesto tenía razón. No se les puede engañar. Buena declaración de intenciones, lástima que se le olvidaba incluirse a sí mismo en ella…
El equipo no está tan mal decía… No está mal: está fatal. La pañolada de esta noche no deja de ser un síntoma inequívoco de un equipo cuyo diagnóstico dibuja, ahora mismo a un herido grave, muy grave. Y el pronóstico es poco alentador con el Manchester United en el horizonte. Un sudor frío recorre el cuerpo del barcelonista cada vez que piensa en los Cristiano Ronaldo, Rooney, Tévez y compañía. ¡Esos sí juegan a fútbol!, deben de pensar resigados e impotentes.
La sensación que uno tiene ahora mismo es que nadie sabe qué le pasa a este equipo. En el club por lo menos. Hace ya semanas que se les ha escapado de las manos. Hay jugadores que carecen de disciplina, que adolecen una falta de profesionalidad alarmante. Otros, sufren un bajón en su juego más que preocupante.
¿Dónde queda esa hambre de títulos que tenían hace dos años? ¿La saciaron ya con una Champions League y 2 ligas?
Fueron los mejores y pudieron marcar una época dorada en la historia del club. No lo hicieron ni lo van a hacer ya. Ellos no.
Los problemas se multiplican con el paso de los partidos y las soluciones no aparecen. No las tiene el técnico, que anda perdido en las que salvo sorpresa, son sus últimas semanas al frente de esta plantilla. Abandonará el barco y junto a él, muchos jugadores, algunos de ellos hasta hace bien poco, piezas intocables de un conjunto que soñaba con conquistar hasta 7 títulos en una misma campaña. Pero eso ya es historia. Ahora, tan sólo un año después el equipo se rompe, cada uno hace la guerra por su cuenta y el recuerdo aún reciente para algunos, de una larga travesía sin títulos amenaza de nuevo. Mientras y para la esperanza, el barcelonista se acoje a la genialidad de su pulga aregtina y al emergente y precoz talento de un chaval de 17 años. Efectivamente, Jan, el equipo no está tan mal. No hay de que preocuparse.